El Roero es una comarca histórica del Piamonte, en el noreste de la provincia de Cuneo, en la orilla izquierda del Tanaro. Al otro lado del río están las Langhe y el Barolo, pero el paisaje es distinto: colinas más empinadas, suelos arenosos y las «rocche», profundas erosiones que cortan las laderas. Ya era tierra de viñas en época prerromana y hoy es uno de los destinos enogastronómicos más visitados de la región.
Dos uvas, una denominación
La DOC nace en 1985 y se convierte en DOCG en 2004. Los viñedos ocupan unas 885 hectáreas, con una producción de 52.200 hectolitros. El pliego reconoce 153 menciones geográficas adicionales, entre ellas los nombres de 19 municipios, que pueden figurar en la etiqueta. La graduación mínima es del 11,5 %.
El blanco, el Roero Arneis, exige al menos un 95 % de Arneis: la uva blanca emblemática del territorio, salvada del abandono y hoy apreciada por sus aromas de flores blancas, pera, manzana y almendra. Existe también en versión Riserva y Spumante. El tinto, el Roero, exige al menos un 95 % de Nebbiolo, la uva cuyo nombre vendría de «nebbia», niebla, por la pruina que vela las bayas o por la vendimia tardía entre las nieblas de otoño.
Crianzas
El Roero Arneis envejece al menos 4 meses, el Riserva blanco al menos 16. El Roero tinto envejece al menos 20 meses, 6 de ellos en barrica; el Riserva al menos 32 meses, también con 6 en barrica. En suelos arenosos el Nebbiolo da vinos más aromáticos y menos tánicos que en la orilla opuesta del Tanaro: tintos elegantes, con notas de rosa, frambuesa y especias, agradables incluso jóvenes.
En la mesa
El Arneis acompaña entrantes piamonteses, carne cruda, ensaladas, pescado de lago y quesos frescos. El Roero tinto va bien con agnolotti, tajarin al ragú, carnes asadas y setas; el Riserva soporta también estofados y quesos curados. Para quien visita el territorio, compararlo con la vecina Barbera d'Alba ayuda a entender la zona.



