El Brunello di Montalcino nace en un solo municipio, Montalcino, en las colinas al sur de Siena. Obtuvo la DOC en 1966 y la DOCG en 1980, una de las primeras denominaciones garantizadas de Italia. Se elabora exclusivamente con Sangiovese, que aquí siempre se ha llamado Brunello.
Una colina entre tres ríos
La zona coincide con el término municipal: 243,62 kilómetros cuadrados delimitados por los valles del Orcia, el Asso y el Ombrone. Los viñedos suben desde los 120 metros del fondo de los valles hasta los 650 metros bajo el Poggio Civitella, con un clima mediterráneo y seco. Hoy el Brunello ocupa más de 2.100 hectáreas, con una producción de unos 68.600 hectolitros.
El tiempo como ingrediente
El pliego de condiciones exige paciencia: el Brunello no puede salir al mercado antes del 1 de enero del quinto año tras la vendimia, después de al menos dos años en madera y cuatro meses en botella. La Riserva espera un año más, con seis meses en botella. La graduación mínima es del 12,5 %. De los mismos viñedos nace también el Rosso di Montalcino, la versión más joven y fácil del Sangiovese del municipio.
En la copa el Brunello es rojo granate, con aromas de cereza, violeta, especias y cuero que ganan complejidad con los años; un tanino denso y una acidez viva lo hacen apto para largas guardas.
Del Moscadello al Brunello
Montalcino ya era tierra de vino en la Edad Media, cuando los estatutos municipales fijaban la fecha de la vendimia. Sin embargo, hasta el siglo XIX el vino más conocido de la zona era un blanco dulce, el Moscadello. El cambio llegó a mediados de ese siglo, cuando los primeros productores empezaron a vinificar el Sangiovese solo y a envejecerlo largo tiempo. En la Toscana, el Brunello comparte el papel de gran tinto de Sangiovese con el Chianti Classico y el Vino Nobile di Montepulciano.




