La Maremma es la Toscana del sur y del mar: la provincia de Grosseto, entre las Colline Metallifere, el Monte Amiata y la costa tirrena del Argentario. Durante décadas tierra de pastos y desecaciones, se ha convertido en los últimos años en una zona cada vez más importante para el vino toscano. La denominación Maremma Toscana, nacida como IGT, pasó a DOC en 2011. Con unas 2.364 hectáreas y 53.900 hectolitros es una DOC amplia, en la que hasta 23 municipios y 168 pedanías pueden figurar en la etiqueta.
Blancos
El Vermentino es la variedad más producida de la DOC: en 2020 representaba el 30 % de la producción. El Vermentino Superiore exige al menos un 95 % de la variedad y envejece unos 15 meses. El Bianco exige al menos un 60 % de Trebbiano, Vermentino y Viognier; existen además los varietales de Ansonica, Chardonnay, Sauvignon, Trebbiano, Vermentino y Viognier, cada uno con al menos un 85 %, y el Bianco Riserva, que envejece al menos un año.
Tintos y rosados
El Rosso exige al menos un 60 % de Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Ciliegiolo, Merlot, Sangiovese y Syrah, solos o juntos, y envejece unos seis meses; el Rosso Riserva al menos dos años, seis meses de ellos en barrica. Entre los varietales destacan el Sangiovese, el Ciliegiolo, antigua uva de la zona, el Merlot, el Syrah y el Alicante, nombre local de la Garnacha. Completan la gama el Rosato, la Vendemmia Tardiva, el Passito y el Vin Santo, que permanece unos 26 meses en barrica. La graduación mínima es del 10,5 %.
En la mesa
El Vermentino acompaña el pescado del Argentario y de la laguna de Orbetello, el cacciucco y el marisco; el Sangiovese y el Ciliegiolo van con la acquacotta, los tortelli maremmanos y las carnes a la brasa; los tintos Riserva con el jabalí guisado. Más al norte, en la misma costa de la Toscana, está Bolgheri, patria de grandes tintos de uvas bordelesas.

