Hasta 2009 Prosecco era el nombre de una uva; desde entonces es el nombre de un lugar. Con el reconocimiento de la DOC la variedad pasó a llamarse Glera y la denominación quedó ligada a un territorio preciso: las provincias de Treviso, Venecia, Padua, Vicenza y Belluno en el Véneto, y Gorizia, Pordenone, Trieste y Udine en Friuli-Venecia Julia. El pueblo de Prosecco, a las puertas de Trieste, es el lugar que da nombre a toda la zona.
El pliego exige al menos un 85 % de Glera; el resto puede venir de Verdiso, Bianchetta, Perera, Glera lunga o variedades blancas internacionales. Hay tres tipos: tranquilo, frizzante y spumante, este último con mucho el más habitual y elaborado con segunda fermentación en autoclave. Desde 2020 existe también el Prosecco Rosé, un espumoso con una parte de Pinot noir. Las menciones Treviso y Trieste indican uvas y embotellado en esas provincias.
Es un vino ligero y aromático, con aromas de pera, manzana verde y flores blancas, burbuja fina y poco alcohol. Se bebe joven, como aperitivo o con entrantes de pescado, fritos y cocina asiática no picante.








