El Verdicchio dei Castelli di Jesi nace en el valle medio del Esino, en las colinas que suben desde la ciudad de Jesi hacia los Apeninos, entre las provincias de Ancona y Macerata. Los «castelli» son los pueblos fortificados que salpican las alturas: Cupramontana, Staffolo, Montecarotto, Serra de' Conti, Apiro, Cingoli y los demás municipios de la denominación. Es uno de los blancos italianos más conocidos y la denominación más importante de las Marcas.
Una zona, muchas colinas
La DOC se reconoció en 1968. Los viñedos ocupan unas 1.478 hectáreas, con una producción de 141.500 hectolitros. La zona Classico corresponde al área histórica de producción; el pliego reconoce además 99 unidades geográficas adicionales y los nombres de 18 municipios, que pueden figurar en la etiqueta para indicar de dónde vienen exactamente las uvas. La Riserva, más ambiciosa, se convirtió en 2010 en una DOCG propia, el Castelli di Jesi Verdicchio Riserva.
Una uva, cuatro vinos
Todos los tipos exigen al menos un 85 % de Verdicchio, con otras uvas blancas como complemento. El Bianco es el vino de base; el Superiore tiene rendimientos más bajos y mayor concentración. La graduación mínima es del 11,5 %. Existen además el Spumante, también Riserva con al menos tres años de crianza, y el Passito, de uvas pasificadas, que envejece entre 8 y 13 meses antes de salir.
En la copa el Verdicchio es amarillo pajizo con reflejos verdes, con aromas de flores blancas, manzana, almendra y anís, y ese final ligeramente amargo que es su firma. Su acidez firme le permite evolucionar bien en botella.
El blanco del pescado
Es un vino nacido para la cocina marinera del Adriático: crudos y entrantes de pescado, risottos y sopas, parrilladas, rodaballo, lubina y rape asado. Va bien también con carnes blancas, en especial con el conejo. En las Marcas comparte escena con el Pecorino de Offida y el tinto del Conero.




