El Monte Conero es el promontorio calcáreo que cae sobre el Adriático al sur de Ancona, cubierto de monte mediterráneo y asomado a las playas de Sirolo y Numana. En sus laderas y en las colinas cercanas, el Montepulciano da el tinto más importante de la costa de las Marcas. La zona comprende por entero los municipios de Ancona, Offagna, Camerano, Sirolo y Numana, y parte de Castelfidardo y Osimo. La DOC data de 1967 y la DOCG de 2004; los viñedos ocupan unas 173 hectáreas, con una producción de 2.470 hectolitros.
Las reglas
El pliego exige al menos un 85 % de Montepulciano, con Sangiovese hasta el 15 %. Hay dos tipos: el Riserva, que envejece al menos dos años y no sale antes del 1 de noviembre del segundo año tras la vendimia, y el Rosato, que puede salir a partir del 1 de enero siguiente a la vendimia. La graduación mínima es del 11 %.
El Conero Riserva es un tinto rubí intenso, casi impenetrable, con aromas de guinda, ciruela, violeta, regaliz, especias y un toque balsámico de monte bajo; el tanino es robusto, la estructura importante. El mar cercano y los suelos calcáreos le dan frescura y salinidad. El Rosato es más ligero y frutal.
Una historia antigua
El territorio estuvo habitado por picenos, etruscos y exiliados siracusanos, y conserva huellas muy antiguas de la vid: en Matelica se encontraron unas 200 pepitas de uva en una tumba del siglo siete a. C. Plinio el Viejo describió un centenar de variedades de vid cultivadas en el Piceno y citó el vino «Pretoriano» producido en la zona de Ancona, mientras que el gastrónomo Apicio recordaba un vino «anconetanum», tinto y con cuerpo.
En la mesa
El Riserva acompaña el brodetto de Ancona en su versión con tomate, el conejo en porchetta, las carnes rojas, la caza y los pecorinos curados; el Rosato va bien con pastas marineras y embutidos. En la misma provincia, hacia el interior, nace el blanco Verdicchio dei Castelli di Jesi, y más al sur el Offida.

