El Primitivo di Manduria nace en la llanura del Salento occidental, entre las provincias de Tarento y Brindisi, sobre tierras rojas y calcáreas a pocos kilómetros del mar Jónico. Los viñedos ocupan unas 3.922 hectáreas, con una producción de 216.600 hectolitros. La DOC data de 1974; en 2011 la versión dulce se convirtió en una DOCG aparte, el Primitivo di Manduria Dolce Naturale.
Una uva de origen incierto
Los orígenes del Primitivo siguen siendo inciertos: la tradición cuenta que fueron los griegos quienes lo llevaron a Apulia hace más de dos mil años. Su primer cultivo está ligado a los campos de Manduria, Maruggio, Sava y Lizzano, además de a la Apulia central, en torno a Gioia del Colle. El nombre viene de la maduración temprana de la uva, «primaticcia».
Las reglas
El pliego exige al menos un 85 % de Primitivo, con otras uvas tintas como complemento. La graduación mínima es del 13,5 %, muy alta para un tinto seco. El Rosso sale a partir del 31 de marzo tras la vendimia; el Riserva envejece al menos 24 meses, 9 de ellos en barrica, y no sale antes del 31 de marzo del segundo año.
En la copa el Primitivo di Manduria es rubí intenso, casi negro, con aromas de ciruela madura, cerezas en licor, higos secos, algarroba, especias dulces y cacao. El cuerpo es pleno, el alcohol generoso y el tanino suave: un vino cálido y envolvente.
En la mesa
Marida sobre todo con los platos de la cocina local: orecchiette con ragú, braciole en salsa de tomate, cordero al horno, bombette, carnes a la brasa y quesos curados como el canestrato. El Dolce Naturale, muy corpulento, es en cambio un vino de meditación. En el Salento, a pocos kilómetros, el Copertino ofrece la otra gran uva de la zona, el Negroamaro.

