La DOC Botticino es una pequeña denominación de la provincia de Brescia, en Lombardía, en las colinas que se alzan al este de la ciudad. Reconocida en 1968, hoy cuenta con unas 25 hectáreas y una producción de 510 hectolitros. Produce un solo color: el tinto.
Cuatro uvas en un vino
El Botticino es un vino de ensamblaje, y el reglamento fija un mínimo para cada una de las cuatro variedades: al menos un 30% de Barbera, al menos un 20% de Marzemino, que aquí se llama Berzemino, al menos un 10% de Sangiovese y al menos un 10% de Schiava Gentile. Otras uvas tintas pueden llegar al 10%. La graduación mínima es del 11,5%.
Cada uva tiene su papel: la Barbera aporta acidez y fruta, la Marzemino color y aromas de violeta y frutos pequeños, la Sangiovese estructura y tanino, la Schiava ligereza y fragancia. El resultado es un tinto rubí de cuerpo medio, con aromas de cereza y especias suaves.
Rosso y Riserva
Incluso el Botticino básico debe esperar: no puede salir antes del 1 de junio del año siguiente a la vendimia, tras unos siete meses de crianza. La Riserva se cría al menos dos años y se comercializa desde el 1 de noviembre del segundo año, con más estructura y notas de fruta madura, cuero y tabaco.
En la mesa
El Botticino acompaña la cocina de carne de Brescia: el spiedo, la ternera al aceite, los casoncelli, los embutidos y los quesos de curación media; la Riserva aguanta la caza y los asados. En las colinas cercanas se elaboran los tintos de la DOC Cellatica y, al sur de la ciudad, los de Capriano del Colle.
