Al término de la visita en cantina, almuerzo con Ernesto Abbona, Presidente de la Marchesi di Barolo, en la foresteria, refinado restaurante dentro de la bodega. Se sirvió un menú degustación al que se maridaron algunos de los vinos más representativos de la bodega. Y alguna que otra joya...
Comenzamos con una Barbera d'Alba Piagal 2012, fresca, aromática, perfecta con el antipasto. Luego, uno a uno, los tres cru de Barolo de añada (2011): primero el Costa di Rose, después el Cannubi, y finalmente el Sarmassa. El primero muy aromático, floral. Nunca un nombre de cru fue tan apropiado. Tras unos minutos en la copa se abre a notas de polvos de arroz y matices frutales, tabaco, regaliz dulce y menta silvestre. Etéreo. El Cannubi aparece de inmediato elegante, con aromas más profundos, frutales en confitura y de sotobosque, tabaco y balsámicos: refinado y equilibrado. El Sarmassa es más austero, masculino, se mantuvo cerrado durante más de veinte minutos para luego abrirse lentamente a notas de violeta, quina y matices terrosos de seta y trufa. Volvemos varias veces a las copas ya servidas, mientras poco a poco traen otras para verter el siguiente vino.
Pasamos así al Barolo 2010, el Barolo de la tradición, ensamblaje de diferentes cru de la bodega. Frutal y equilibrado. Muy agradable. Luego llega el Cannubi 2005, con su singular etiqueta de color verde. "Esta etiqueta fue elegida para diferenciar este vino del Cannubi que fue embotellado hace algunos años. Este permaneció en crianza durante mucho más tiempo y fue por tanto embotellado recientemente". Los aficionados corremos así el "riesgo" de encontrarnos con dos Barolo Cannubi 2005 de los Marchesi di Barolo que han seguido dos caminos distintos. De inmediato notas de alcanfor y una violeta muy aromática aún fresca, que pronto dejan paso a notas más terciarias de tabaco, café, nuez moscada y laurel.
Y entonces llega el Cannubi 1982…
Cannubi, la colina más representativa del Barolo, no solo del municipio de Barolo. Extendida por unas treinta hectáreas, es uno de los viñedos más importantes de Italia, si no del mundo entero. Se encuentra a una altitud no especialmente elevada: la cima supera los 250 m s.n.m., pero la exposición es excelente (giro de ladera de sur a este) al igual que la ventilación, nunca excesiva, dado que Cannubi está protegida por colinas más altas. La composición del terreno une las características de los suelos más antiguos, emergidos en el período Helveciano, con las de los más recientes suelos del Tortoniano. Así, están presentes margas oscuras, de color azul-grisáceo, ricas en carbonatos de magnesio y manganeso. En superficie el terreno se vuelve más claro con arenas y limo con un importante contenido de arcilla y caliza, las llamadas Marne di Sant'Agata.
Cannubi 1752 fue la primera botella de vino proveniente –según parece– de uvas cultivadas íntegramente en esa colina. Esto ocurrió mucho antes de la creación del Barolo moderno, embotellado por primera vez por la Marchesa di Barolo más de noventa años después. Y esto dice mucho sobre el prestigio de esta colina, mención geográfica que, cuando uno tiene la fortuna de encontrarla en una botella de Barolo, habla por sí sola. Y sobre las cotizaciones de mercado que alcanza una hectárea de viñedo, que no tiene igual en Italia.
Y ahora me encuentro ante una copa con un Barolo Cannubi 1982 en el vaso. Ernesto: "Estaba indeciso entre abrir un 1982 o un 1985. Pero hacía mucho tiempo que no probaba un 1982". Gracias Ernesto por la oportunidad que me has brindado, en cualquier caso fueron dos añadas excepcionales. "Estas botellas ya no están a la venta desde hace tiempo: abrimos una de vez en cuando para organizar eventos culturales". Si cabe, aprecio aún más la importancia del momento.
Pasamos a la degustación. El vino tiene un precioso color granate compacto, con el ribete apenas anaranjado. En definitiva, un color todavía juvenil para un Nebbiolo de más de treinta años... sometiendo la copa al movimiento rotatorio adecuado, el vino forma los arqueados densos que esperamos. Señal de una estructura compacta. Se necesita un tiempo antes de que se abra. Ernesto lo descorchó con antelación, pero probablemente la operación debería haberse realizado aún antes: "Me doy cuenta de que en almuerzos de este tipo, el servicio de estos vinos suele verse perjudicado". Efectivamente. Pero lentamente emerge ese pura sangre que este Cannubi no puede sino ser. Notas oscuras, tierra, sotobosque, luego tabaco de pipa. Recuerdos frutales de cereza en aguardiente dejan pronto paso a matices tostados, cacao en polvo, café. Pero el vino cambia en la copa y ahora emergen notas de quina, regaliz. El sorbo deja sin aliento. Boca amplia, donde la vibrante acidez encuentra una síntesis perfecta con el alcohol en una acariciante suavidad y con un equilibrio que asombra. Taninos perfectos, sedosos pero presentes, abundantes, sostienen un largo final que se mide en minutos, con retronasales de regaliz y de nuevo balsámicos. Vino emocionante, me quedo sin palabras. Sirvo más en la copa bajo la mirada divertida de Ernesto.
Cerramos la comida acompañando el postre con el Moscato d'Asti Zagara 2014, muy aromático, con notas florales de geranio y rosa. Y, precisamente, de zagara.
¿Qué más podría añadir? Quizás el deseo de poder vivir de nuevo una experiencia similar. ¡A ser posible la próxima vez con el Cannubi 1985!





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