Las suaves colinas y los evocadores pueblos medievales acompañan al descubrimiento de cultivos y tradiciones que se remontan a épocas antiguas.
La vid viajando en el tiempo entre etruscos, romanos y órdenes monásticas hasta llegar a nosotros, testimonia un terroir favorable para la producción vitivinícola. Esta joya engastada en la Italia central se llama Umbria, surcada por numerosos afluentes, abrazada por los Apeninos y besada por el sol, "el corazón verde de Italia", presume de una vegetación a perder de vista.
El Grechetto del Castello della Sala
El verde hunde sus raíces en terrenos arcillo-calcáreos que albergan tufas y residuos volcánicos, y se nutre de un clima suave con importantes oscilaciones térmicas. Las tradiciones vitivinícolas más antiguas residen en Orvieto, y es precisamente a pocos kilómetros de las bellezas históricas de esta ciudad donde se alza la fortaleza del Castello della Sala. Extendida por 500 hectáreas, naturalmente inmersa en el verde, la Tenuta dedica 140 hectáreas al viñedo, que se distribuye entre los 200 y los 450 metros sobre el nivel del mar. En este marco, que custodia un terroir arcilloso de origen volcánico, prospera el Grechetto, de orígenes inciertos, pero dada la excelencia que ha alcanzado en Umbria, ya se considera autóctono.
Grechetto, de la cepa a la copa
El Grechetto di Orvieto ha ganado toda la región y a menudo se ha mezclado con el Grechetto di Todi, razón por la cual se confunden. Estudios exhaustivos mediante la lectura del ADN atribuyen un parentesco entre el Pignoletto dei Colli Bolognesi, uva ecléctica usada frecuentemente en espumosos, con el Grechetto di Todi. También la Ribolla Riminese es muy próxima al Grechetto di Todi, al igual que el Greco di Tufo lo es para el Grechetto di Orvieto. En cualquier caso, ambos son clones del Grechetto (respectivamente g109 y g5), con características similares: el racimo se presenta pequeño o de tamaño medio, al igual que el grano, ovalado, de piel consistente de color amarillento. La maduración tiene lugar a finales de septiembre. La productividad es abundante pero nunca constante. Los blancos de color cálido tendente al dorado, con aromas frutales intensos, en equilibrio entre sapidez y suavidad, entre estructura y persistencia aromática, son atribuibles al Grechetto.
La primera añada del Cervaro della Sala
Que esta uva podía dar grandes satisfacciones lo entendió Cotarella, quien en los años ochenta produjo una gama de vinos blancos innovadores, entre ellos el Cervaro della Sala y el Muffato della Sala, obtenido de uvas botrítizadas con la adición del mismo Grechetto. Tras las primeras añadas no tan dignas de mención, en 1985 nace el Cervaro della Sala, es decir, un mínimo del 80% de Chardonnay, un máximo del 20% de Grechetto y un 100% de expresión del territorio. Vendimia delicada es la consigna para llevar a la bodega una materia prima sana; la fermentación alcohólica es seguida por la fermentación maloláctica, que determina la permanencia en barriques de roble francés del Chardonnay. El Grechetto sigue una vinificación paralela y se ensambla con el Chardonnay antes del embotellado. Reposa en botella durante un año o incluso más. Este vino destinado a evolucionar con el tiempo se confía a las bodegas medievales del Castello.
Degustamos el Cervaro della Sala
Etiqueta que cuenta con numerosos reconocimientos y premios, en la añada 2014 se muestra con una vestidura de color amarillo dorado. La nariz abarca desde los delicados aromas de tostado y los matices vainillados que le confiere la barrique, hasta notas de flores blancas. En el paladar se muestra elegante como un conde, de estructura imponente, con una persistencia que arrastra en el final los matices tostados y cítricos.
Entre las muchas degustaciones, os llevamos a cervaro della sala 2005, un vino blanco con características muy apreciadas.





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