Chianti: la historia en la copa
Cuando se habla de la Toscana, se piensa en un territorio extraordinariamente rico en historia y cultura: basta pasear aunque sea solo con la mente entre esos maravillosos pueblos y colinas donde se persiguen los viñedos, fabulosos panoramas de postal.
El vino, que representa a su vez cultura y pasión, ha hecho aún más célebre esta región italiana en el mundo; además de las fabulosas joyas paisajísticas, la Toscana en cada rincón del planeta se asocia a la producción de grandes vinos tintos, en particular el Chianti. Este célebre vino debe su fama a la dedicación y la pasión, pero también a la intuición de grandes hombres que, sucediéndose a lo largo del tiempo, lo han forjado. ¡El terroir hace el resto!
Sangiovese desde los orígenes al Chianti
Desde tiempos remotos se cultiva la vid en la Toscana, instalándose luego a lo largo de los años en las zonas más internas hasta conquistar obispos, abades y monjes que comenzaron a plantarla alrededor de abadías, conventos y monasterios.
El Sangiovese, de origen probablemente etrusco, prospera en el territorio toscano en las dos variedades denominadas Sangiovese Grosso y Sangiovese Piccolo. En otro tiempo las dos variedades se agrupaban bajo el nombre "i Sangiovese", pero hoy sabemos que el Grosso corresponde al Brunello, por ejemplo, y el Piccolo apodado Morellino, posee una importante acidez.
Las distintas zonas del Chianti son tan variadas que el Sangiovese, absorbiendo su carácter, da vida a vinos diferentes; además del vino asistimos a una mutación del propio vitigno, presentándose con la piel más o menos gruesa. Esta fue también una observación de Clemente Santi, quien estudiando la variedad de Montalcino, con verdaderas selecciones clonales, logra obtener el Sangiovese con el grano pequeño y la piel más gruesa, permitiendo así una mayor concentración de polifenoles.
Chianti entre tradición e innovación
En la segunda mitad del siglo XIX comenzó un estudio para la codificación de los clones del vitigno, pues surgió la necesidad de establecer cómo debía ser el Chianti. A tal efecto, Bettino Ricasoli en 1872 introdujo la uva blanca como la malvasia en el ensamblaje del Chianti, ya que, al realzar su sabor, lo convertía en un vino de pronta beba. Con los años, sin embargo, el porcentaje de uva blanca aumentó hasta el 30% y también se añadió el Trebbiano. El resultado se concretó en Chianti pálidos que eran "coloreados" y reforzados con tintos del sur.
En este clima donde se sentía la necesidad de revalorizar un gran territorio, en 1971 los Antinori sacan a la luz el Tignanello, que, además del Sangiovese, contemplaba la introducción de variedades internacionales como el Cabernet Franc y el Cabernet Sauvignon y el envejecimiento en pequeñas barricas de roble.
Otras bodegas siguieron la corriente de la "rebelión" dando a luz otros vinos de inspiración Antinori llamados Supertoscanos, hoy excelentes IGT.
Sergio Manetti por su parte invierte en la finca Montevertine en el espléndido marco del municipio de Radda in Chianti. El año 1971 marca también el embotellado del Pergole Torte, Sangiovese en pureza.
Vinos de indudable excelencia que, al ir contra el reglamento, debían clasificarse como "Vino da Tavola".
Unos años después el Tignanello sale al mercado trayendo consigo otras novedades como el Solaia (cabernet sauvignon, sangiovese y cabernet franc).
Estas variedades internacionales también se asomaron a la producción del Chianti. Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot, excelentes compañeros del Sangiovese.
Las distintas zonas del Chianti
El Chianti encuentra su tierra de elección entre las provincias de Florencia y Siena, abarcando parte de las provincias de Florencia, Siena, Arezzo, Pisa, Prato y Pistoia.
Avanzando al este de Florencia, la denominación Chianti Rufina se caracteriza por vinos de indiscutible elegancia, aptos para un largo envejecimiento.
El Chianti Colli Senesi envuelve el paladar con su inconfundible finura, mientras que el Chianti Colli Fiorentini, Chianti Colline Pisane, Chianti Colline Aretine, Chianti Montespertoli y al noroeste de Florencia el Chianti Montalbano, representan Chianti menos ambiciosos pero igualmente dotados de carácter y personalidad.
En esta compleja realidad del Chianti, donde a pocos kilómetros de distancia al cambiar el terroir varía también la estructura y el cuerpo del vino, la subzona Chianti Classico sigue siendo la mejor. Los viñedos del Classico se distribuyen entre los 250 y más de 500 metros sobre el nivel del mar, y el reto de cada productor es lograr evolucionar los taninos reduciendo la acidez del Sangiovese, que madura tardíamente; quienes lo consiguen obtienen vinos armoniosos y longevos.
Ya en el lejano 1716, intuyendo el gran potencial de este territorio, el Gran Duque de Toscana Cosimo III delimita sus fronteras. Para la protección del Classico, el 14 de mayo de 1924 en Radda in Chianti nace el Consorzio Chianti Classico Gallo Nero, comprometido aún hoy en salvaguardar el vino de las numerosas imitaciones, promoviendo y valorizando el territorio.
Los municipios de Castellina in Chianti, Radda in Chianti, Gaiole in Chianti, Greve in Chianti, parte de San Casciano Val di Pesa, Barberino Val D'Elsa, Tavarnelle Val di Pesa, Castelnuovo Berardenga y parte de Poggibonsi ostentan la denominación Chianti Classico.
De color rubí, aromas de frutos rojos, mora, marasca, floral de violeta, sensaciones de pimienta, especiadas y tostadas, balsámico, equilibrado y siempre elegante: son una serie de descriptores a veces utilizados para el Chianti Classico. La estructura y la personalidad lo convierten en un vino único.





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