El Montepulciano d'Abruzzo toma su nombre de la variedad, no de la ciudad toscana con la que a menudo se confunde. La denominación, reconocida en 1968, comprende las zonas de colinas de las provincias de Chieti, L'Aquila, Pescara y Teramo: un viñedo extenso que va de las terrazas cercanas al Adriático a los valles interiores, donde la diferencia de temperatura entre el día y la noche es más marcada.
El pliego exige al menos un 85 % de Montepulciano; el resto puede ser Sangiovese u otras uvas tintas autorizadas en la región. La versión básica sale a los pocos meses; la Riserva exige al menos dos años de crianza, nueve meses en madera. El Colline Teramane, nacido como subzona, se convirtió en DOCG propia en 2003, y el Cerasuolo, el rosado de la misma uva, tiene su propia denominación desde 2010.
Es un vino rojo rubí intenso, con aromas de fruta roja madura, ciruela y especias dulces, tanino suave y buen grado alcohólico. Acompaña bien la cocina de interior de los Abruzos: brochetas de arrosticini, cordero, pasta alla chitarra con ragú, quesos de oveja.











