Han pasado algunos años desde aquel evento que se celebró en el Auditorium Parco della Musica de Roma. Se trataba del "Sensofwine" de Luca Maroni, una grandísima degustación con mesas de cata que recorría de cabo a rabo lo mejor de los vinos italianos. Fue en aquella ocasión cuando conocí a los hijos de Mimmo Pasetti y en particular a Francesca, de cabello rojo, igual que la abuela Rachele, quien da nombre al Montepulciano Testarossa, uno de los productos estrella de esta hermosa bodega abrucesa.
Hablamos de los vinos de casa Pasetti y del Montepulciano como uno de los vinos más interesantes y con mayor proyección. Me encontré en la copa de cata, al final de la batería de vinos presentados por Pasetti en la feria, un tinto oscuro e impenetrable. El Harimann.
Sinceramente me desconcertó, estaba a años luz de mi idea del Montepulciano: opulento, dibujaba arquitos glicéricos en la copa, suntuoso en sus aromas de amplio aliento que hablaban de guinda en aguardiente, arándano, quina, un vino del que emanaba, en nariz, un mercado árabe lleno de especias orientales, tabaco y soplos de romero.
En boca respondía potente, con una graduación alcohólica que rozaba el 15,5%, tanino aterciopelado, bien sostenido por la frescura, con un final de persistencia infinita y cierre achocolatado. Un vino extraordinario, fruto de una vendemmia tardiva, con uvas recogidas en la primera decena de noviembre para una mayor concentración de azúcares, cultivo en tendone con bajos rendimientos no superiores a los 80 quintales por hectárea a los pies del Gran Sasso, que domina el viñedo de Pescosansonesco.
Un vino que no teme comparación con los mejores Amaroni della Valpolicella.
El Harimann es una apuesta fuera de lo corriente, una joya de una bodega que representa lo mejor de la enología abrucesa.
El maridaje no es fácil para este coloso, capaz de eclipsar cualquier alimento, vino de meditación, para beber al final de la comida, quizás acompañado de un Pecorino di Farindola Dop curado*.
Continúa……………
* El Pecorino di Farindola Dop, Presidio Slowfood, es un queso producido en un territorio limitado a algunos municipios entre las provincias de Teramo y Pescara, en el Gran Sasso, entre ellos Castelli y Farindola, de donde toma el nombre. Es un queso antiquísimo, citado también por Plinio el Viejo, único en el mundo, porque se elabora con cuajo de cerdo, lo que le confiere un picante particular. Lo trabajan exclusivamente las mujeres de los pueblos que forman parte del Consorcio con leche de oveja Pagliarola. Huele a las hierbas que crecen en primavera en el Gran Sasso, ligeramente picante y aromático, con pasta marfil que tiende al amarillo con la maduración. Difícil de conseguir. Se compra in situ o en Eataly.





¿Qué opinas?
Inicia sesion para dejar un comentario