El vino evoca recuerdos, como todo lo que involucra los sentidos del olfato y el gusto. A menudo un vino adquiere un sabor especial precisamente por el contexto y por el afecto que puede unirnos a él. Uno de estos casos lo cuento hoy. Mahmūd Shabistarī escribió: "Bebe el vino porque la copa es el rostro del amigo."
Estoy muy unido a la Puglia, allí tengo muchos amigos, y entre ellos se encuentra sin duda uno de los mejores que he tenido jamás. Un maestro (¡no en el campo enológico, por desgracia!), una proyección de lo que me siento hoy dentro de algunos años. Es él quien me regaló, junto con muchísimas conversaciones interesantes y hermosos momentos, el vino del que os estoy hablando.
No conocía Crispiano antes de conocer a este gran amigo; es allí donde se encuentra su hogar pero también la Azienda Agricola Guida. Estamos en un municipio que se alza entre las colinas del alto territorio de Taranto. El nombre del pueblo no tiene un origen seguro: hay quienes atribuyen su origen a los nombres de los santos Crispo y Crispiniano, quienes a una matrona romana llamada Crispinilla o a Crispius, que parece estar presente en el escudo del municipio; quizás derive simplemente de "callis plana", es decir, "camino llano".
En sus orígenes se trataba de un pequeño asentamiento mesapio, invadido luego por los espartanos y después por los romanos; también estuvieron los sarracenos. El municipio alberga el Museo della Civiltà Contadina y es conocido como "La ciudad de las 100 masserías".
La Azienda Agricola Guida lleva tres generaciones aquí, a 270 metros sobre el nivel del mar; actualmente está dirigida por Gianni, quien en 2002 abrió su primer punto de venta en Crispiano, donde fue comprada la botella con su bonito estuche.
La empresa trabaja únicamente con vitigni autoctoni de la Puglia: Primitivo, Verdeca y Fiano Minutolo, además de, naturalmente, aceite de oliva virgen extra.
Era la última botella de la producción de su Primitivo Egiale D.O.C. 15.5° vol. Me tocó a mí… El Primitivo en pureza se recoge de viñas de cincuenta a sesenta años cultivadas en sistema de alberello. A la vista se presenta con un rojo tendente al violáceo; en nariz llega potente aunque no complejo, con claras notas de frutos rojos como guinda y frutos del bosque, un sabor cálido y redondo, bastante persistente.
Hablamos de un producto que debe servirse a 16-18 grados, que marida muy bien con suculentos platos de carne y caza, pero también con rustici bastante grasos.
Gracias a mi amigo por haberme hecho descubrir este buen producto de una pequeña empresa que, en mi opinión, debería diferenciar mejor los nombres de sus vinos y evitar colocar el envase PET de vino a granel en sus folletos.
"Nunca podrá existir celda que nos retenga, ni distancia que pueda hacer cesar nuestra amistad", un brindis para ti, "vagabundo de las estrellas".





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