Enclavado entre colinas interminables que parecen perseguirse en una sucesión de viñedos y campos cultivados, el Castello di Neive, con soberbia elegancia, parece querer vigilarlas. La mirada se pierde en ese panorama, entre torres y pueblos, como si el tiempo se hubiera detenido.
Me habría quedado horas contemplando el mundo más allá del muro de la ciudad aunque, durante mi visita, un velo de niebla cubría con delicadeza todo ese paraíso piamontés; también el Castello estaba envuelto en un halo de misterio y encanto.
Como todo sommelier, me encanta tocar, percibir con los oídos y con la nariz y degustar emocionándome en el lugar y en la bodega donde el vino se produce.
Este deseo, esta vez se amplifica y quizás lo haría para cualquiera, sabiendo que en la bodega te recibe el inestimable Italo Stupino y su enólogo Claudio Roggero.
Italo Stupino, actual propietario de la "Azienda Agricola Castello di Neive", tiene el mérito de haber redescubierto el Arneis como variedad de calidad, pues había comprendido la importancia y la tipicidad del vino que se obtenía de ella.
Se dirigió a los docentes de la facultad de agronomía de Turín, en particular al profesor Eynard, quien le sugirió plantar un viñedo experimental para poder estudiar mejor y elegir así los clones adecuados. Desde aquel día hasta hoy, el Arneis se ha instalado en el viñedo llamado Cascina Montebertotto, parte integrante de la Cascina Messoirano.
Estos terrenos fueron adquiridos por el abuelo de Italo por considerarlos idóneos para el cultivo de la vid, al igual que todas las demás hectáreas en posesión del Castello.
Claudio Roggero, durante mi visita a la nueva bodega, me explicó que "los terrenos del Castello di Neive han sido todos adquiridos siguiendo una visión enológica correcta y un estudio adecuado del terroir y de la exposición, para favorecer las necesidades de cada variedad individual. Otros terrenos pertenecientes a la bodega, considerados no aptos para el cultivo de la vid, han sido ocupados por avellanos".
Las uvas empleadas para el Langhe Doc Arneis prosperan en un suelo margoso calcáreo con una exposición sur-sureste y degustarlo es sencillamente un placer que comienza en la vista y termina con una increíble persistencia gustativa.
Adornado con elegante mobiliario, el Castello alberga en sus bodegas las barriques y las barricas de madera destinadas al envejecimiento de los tintos y en particular del galardonado Barbaresco. Continuando por el pasillo de toba, unas pupitres acogen las botellas del metodo classico de Pinot nero en pureza y, en los nichos cubiertos de arena, reposan botellas de Arneis de las añadas 1982 y 1999. Los afortunados que las han degustado quedaron cautivados por el bouquet intenso y la agradable acidez que se han mantenido intactos con el tiempo, gracias a la excelente uva Arneis y al envejecimiento bajo arena.
La bodega nueva, sin duda más funcional y técnica, alberga maquinaria y depósitos de acero inoxidable; ciertamente no tendrá el encanto de los infinitos pasillos del Castello, pero sí es útil, eficiente y dividida de manera práctica. Los distintos espacios están sabiamente distribuidos siguiendo las diversas fases del proceso de vinificación, dando especial importancia a la llegada de la uva a la bodega para evitar traumas y garantizar así una materia prima cien por cien sana. Para conservar mejor el vino embotellado y etiquetado, las instalaciones disponen de un gran espacio cerrado, mantenido a temperatura constante y monitorizado por una pantalla exterior.
La etiqueta de cada vino, al igual que las botellas, retoman el estilo imperio de los interiores del Castello. Para Italo es muy importante subrayar la profunda conexión entre vino y lugar de origen, sirviéndose también del prestigioso icono del Castello.
Toda su producción refleja el pensamiento de la bodega: tradición milenaria, pero también experimentación al servicio de la valorización de las técnicas de vinificación.
Mi variedad favorita, el Pinot Nero, ha sido expresado de forma excepcional con el Langhe Doc Pinot Nero Vigna i Cortini 2012. Elegante en los aromas y en el paladar a pesar de ser un vino con cuerpo; los grados alcohólicos no perturban los nítidos matices de frutas rojas y guindas con toques especiados debidos también a los 8 meses de crianza en barriques de roble francés.
Interesante y agradable el Dolcetto D'Alba Doc Basarin 2012, que expresa toda la esencia de esta variedad frecuentemente eclipsada por el Barbaresco pero que, trabajada a estos niveles, se convierte en un tinto de excelencia. Estallan en nariz aromas de frutas de baya roja y negra con un acompañamiento de flores de violeta. Suave en el paladar, un maridaje perfecto con la cucina tipica Piemontese.





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