Elegante, fino, persistente son algunos de los muchos atributos de la burbuja italiana más prestigiosa y apreciada también en el extranjero. Ligado a un territorio entre los más únicos, el Franciacorta siempre es capaz de emocionarnos con sus burbujas que se persiguen en la copa formando densas cadenas danzantes. La botella champaña, la cápsula, el bozal y el típico corcho listo para ser descorchado son los factores que más comúnmente asociamos a este gran producto.
Detrás de una etiqueta elegante y un packaging exclusivo se esconde un duro y largo trabajo de producción del Franciacorta, que comienza, como ocurre con todos los grandes vinos, en el viñedo.
Los Sistemas de Conducción
Los sistemas de conducción más extendidos hoy en día son la espaldera baja y el guyot, que favorecen una densidad adecuada de cepas por hectárea, pero también se pueden encontrar plantaciones más antiguas como testimonio del cambio tan radical y veloz que ha experimentado esta zona con la introducción de la espumantización. La variedad protagonista es el Pinot nero, delicado y sorprendente, que aporta longevidad especialmente en los Millesimati. La frescura la añade el Chardonnay, variedad que antiguamente se confundía con el Pinot Bianco, dotado de una piel gruesa y consistente. El tercero de la cuvée es el Pinot Bianco, que nos guía entre sus notas olfativas elegantes y fragantes. El delicado momento de la vendimia se afronta con una recolección manual, cuidadosa de no dañar los preciosos granos sino de colocarlos con esmero en las cajas. En bodega se continúa con un prensado suave para obtener el mosto-flor que sentará las bases de la cuvée. El ensamblaje constituye de hecho un momento delicado y decisivo que influirá en el carácter futuro del vino.
El embotellado y los azúcares
Asistimos al embotellado después de haber añadido le liqueur de tirage, es decir, un jarabe especial de vino, levadura y azúcar de caña que permite la refermentación en botella. Durante este proceso también se produce la toma de espuma y aumenta la presión interna del vino, hasta llegar a seis atmósferas. Llega entonces el momento del largo reposo y las botellas con tapón corona se colocan en posición horizontal donde experimentan la autólisis de las levaduras, listas para liberar toda su carga aromática. Se utilizan luego caballetes especiales llamados pupitres para el Remuage, técnica particular que permite el deslizamiento de las levaduras hacia el cuello de la botella haciéndolas girar a mano 1/8 de vuelta cada día. Terminado este delicado paso se procede al degüelle: el cuello de la botella se sumerge en una solución refrigerante que congela el tapón de levaduras. Gracias a la presión interna el bloque de levaduras sale disparado en cuanto se retira el tapón corona, por eso se denomina à la volée. Esta técnica implica sin embargo una pérdida de producto que se reintroduce con le liqueur d'expédition, generalmente compuesta por reservas de vinos y azúcar, aunque cada maison mantiene el misterio sobre esta importante "receta". Además, este último dosaje determina también la tipología del espumante que se desea obtener: se puede producir un pas dosé o dosage zéro sin añadir la liqueur final. Subiendo la escala según la adición de azúcar en gramos por litro, encontramos el Extra Brut, Brut, Extra Dry, Dry, Demi Sec y Doux. Colocado el corcho, se fija con el bozal que junto con la presión interna de la botella adopta la típica forma de hongo. Tras un reposo en bodega el Franciacorta está listo para su comercialización.
Las tipologías
El reposo en bodega junto con la elección de los uvajes determina diferentes tipos de espumante. El Satén de espuma cremosa se elabora únicamente con uvas de baya blanca, lo que permite clasificarlo como blanc de blancs. La refinación y el éxito de esta tipología se debe también a una presión interna de 4,5/5 atmósferas frente a las seis de un Brut. El Rosé en cambio requiere un mínimo del 25% de Pinot Nero para aportar los clásicos aromas de pequeños frutos rojos a un fabuloso espumante. El Millesimato se obtiene de vinos base provenientes de una única añada que se ha distinguido de las demás por haber alcanzado mayor calidad y tipicidad. Si en la etiqueta no aparece la añada se trata de un non millesimato. Finalmente el Franciacorta Riserva, millesimato que ha reposado sobre las levaduras al menos 60 meses. ¡En definitiva, a cada uno su propia burbuja!





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