El pasado verano conseguimos organizar una visita a la Cantina Torre dei Beati, antes de que el propietario, Fausto Albanesi, intentara tomarse unos merecidos días de vacaciones, y gracias a su enorme disponibilidad a media mañana estábamos en sus manos, listos para visitar la cantina de Torre dei Beati, perdida entre las colinas de la contrada Poggioragone, en el municipio de Loreto Aprutino (PE). Fausto nos muestra enseguida las instalaciones de la bodega, los habituales depósitos de acero de doble pared con refrigeración para el control de la temperatura, alguna barrique francesa a la espera de ser llenada, pero lo que nos presenta como joya de la corona es la mesa de selección, una máquina sobre la cual la uva, volcada desde las cajas, pasa bajo la mirada de seleccionadores que deciden qué destinar o no a la vinificación, con el fin de gestionar del mejor modo posible la uniformidad de la maduración. Es el paso final de una vendimia en múltiples pasadas (hasta 5-6) con selección de los mejores racimos, dejando en la planta los que aún necesitan la contribución de la naturaleza para enriquecerse y dar lo mejor de sus sustancias.
Resulta evidente a partir de las técnicas utilizadas la búsqueda de una calidad elevada a todos los niveles, con el fin de obtener vinos limpios, equilibrados y capaces de transmitir el carácter de la variedad y el territorio. Otra peculiaridad de la finca es el cultivo en régimen ecológico, sin el uso de productos de síntesis en el viñedo.
La producción se basa únicamente en variedades típicas de este territorio, y hablaremos de los dos blancos. El primero es verdaderamente histórico de Abruzzo, el Trebbiano abruzzese, que no debe confundirse con sus primos romagnolo y toscano (aunque parece ser una variante del segundo), frecuentemente cultivado con las características vides en tendone, aquí llamadas "capanne". Vino frecuentemente ignorado por su escasa carga aromática y sencillez de aromas, si se trabaja adecuadamente es capaz de ofrecer vinos de gran fineza y elegancia, con cuerpo esbelto pero también buena longevidad en botella.
El otro es una variedad redescubierta aquí y en las Marche, el Pecorino, capaz de ofrecer grandes sensaciones tanto con vinificación en acero como con paso por madera, en virtud de una estructura plena a la que no le falta nada, desde la frescura que permite un largo envejecimiento hasta la sapidez que cierra la degustación; da vinos ricos en aromas, frutales, florales y con notas ligeramente especiadas, según obviamente la interpretación elegida por el productor.
Degustamos el Trebbiano "Bianchi Grilli per la testa" sentados bajo el sombreado porche en compañía de Fausto, quien nos cuenta brevemente los vinos y deja a nuestros pensamientos la degustación, sin influenciarnos con la anticipación de lo que deberíamos encontrar en la copa. La única sugerencia es su preferencia por valorizar la fruta y el carácter varietal de las uvas. Su Trebbiano 2011 había salido recientemente al mercado, tras haber pasado algún tiempo en madera de acacia, donde permanece sobre las lías finas y se le aplica battonage para enriquecerse y adquirir extracto y resistencia al tiempo. Como se indica también en la contraetiqueta, es una interpretación personal de un blanco tradicional, que nos convence por limpieza y equilibrio. En nariz destacan notas florales y frutales con la huella de la madera presente pero bien integrada, y absolutamente agradable también en boca donde no desentona sino que acompaña la persistencia de los aromas de la variedad, sobre los cuales se inserta una justa vena sápida. Un vino de cuerpo medio (12%), con buena acidez, sin duda interesante con cruditè de pescado.
Le sigue el Pecorino 2012 Giocheremo con i Fiori, inconfundible por la etiqueta que muestra un dibujo de la hija de Fausto, imagen naif de gran impacto que preludia la alegría que este vino es capaz de ofrecer. Color pajizo claro y vivo, con algún destello verdoso, e intensos aromas que van desde el melocotón a los cítricos, con soplos florales y apuntes de hierbas aromáticas. No para de regalar sensaciones olfativas, gracias al calor del ambiente que pronto eleva su temperatura pero abre sus efluvios. En boca es intenso, fino y elegante, largamente persistente sostenido por un incansable equilibrio donde una rica suavidad está apoyada por un entramado de sapidez y frescura que garantizan una gran bebibilidad e igualmente buena capacidad para seguir en botella y ofrecer nuevas sensaciones dentro de algunos años. 14% y no se notan en absoluto.
Precio en vinoteca entre 10 y 15 euros para ambos y excelentes satisfacciones aseguradas.
Por cierto, Torre dei Beati ofrece también una gama de grandísimos Montepulciano, donde incluso la línea base ofrece una calidad extraordinaria a un precio absolutamente competitivo (8-12 euros en vinoteca). Más costosos pero de gran prestigio los multipremiados Montepulciano Mazzamurello y Cocciapazza, siempre en la cima según las mejores guías.





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