Nuestra península presume de enormes riquezas culturales, empezando por la gran variedad de paisajes, ciudades, pueblos y aldeas que narran historias, leyendas y tradiciones.
El cultivo de la vid forma parte de nuestra historia milenaria, ocupando verdes y frescas colinas, terrazas escarpadas o soleadas islas.
Región tras región encontramos una sucesión de territorios y cantine que simbolizan la Italia del vino, exaltando vitigni y terroir únicos.
Un rápido viaje para descubrir algunas de las riquezas del vino italiano, para conocer una Italia que produce y se apasiona.
Diferentes tipos de terroir generan colores, aromas y sabores variados, como ocurre por ejemplo en los territorios del Grave en Friuli, donde durante la maduración se produce un déficit hídrico que inhibe el vigor vegetativo de la planta en detrimento del crecimiento de los brotes, favoreciendo así la acumulación de azúcares en los granos.
¿Y qué decir de los territorios volcánicos, ricos en potasio que aportan mineralidad y acidez?
En definitiva, nuestros vitigni prosperan en diferentes tipos de suelo, algunos adaptándose a varias zonas y climas, otros prefiriendo determinados ambientes pedoclimáticos, pero cada uno encierra en sí tradición y calidad, ya que el vino lo hacen sobre todo las personas.
Junto a los vitigni de baya blanca presentes en nuestra península y a las igualmente numerosas bayas rojas, podemos contar más de 300 vitigni autóctonos.
En general, los vinos blancos del norte de Italia tienen colores brillantes y acidez, mientras que en el sur los colores intensos y concentrados nos indican estructura.
¿Pero será siempre así?
También en el norte asistimos a la formación de microclimas particulares capaces de recrear el ambiente mediterráneo. Aunque nos encontremos en el paralelo 46°, en el Collio Friulano hallamos un clima suave incluso para olivos y cítricos.
Blancos elegantes de Ribolla Gialla, Malvasia Istriana y Riesling Italico pero sobre todo Friulano, que en Cormons, donde se encuentra el corazón de su producción, se expresa con vivaz frescura y sapidez recordando a los blancos de la península Sorrentina.
El Lago di Garda actúa como moderador climático, como ocurre con la Garganega, de color pajizo, agradable y delicada con una bebida verdaderamente deliciosa.
Los aromas de almendra, melocotón y ciruela blanca son en cambio los indicadores del Verdicchio, que hunde sus raíces en los Castelli di Jesi, de clima frío y expuesto frecuentemente a corrientes de viento. Un vino también de estructura imponente que puede alcanzar graduaciones de hasta el 14,5%.
Los climas del extremo norte italiano son favorables a la baya blanca, donde se difunde el Chardonnay, vitigno importante también gracias a su acidez que resulta útil para elaborar fantásticas cuvée para los espumosos.
Entre las colinas piamontesas y la llanura lombarda encontramos la compleja realidad del Oltrepò Pavese, territorio muy variado constituido por una zona llana aluvial y dos zonas distintas, una de colinas y otra montañosa. Por mencionar algunos, tenemos el Cortese para producir el Gavi, la Malvasia di Candia presente también en el Lazio, el Moscato presente también en Trani y el internacional Sauvignon Blanc.
Liguria, Gallura y Maremma son los territorios del ecléctico Vermentino, atractivo en sus matices frutales y cítricos acompañados de frescura y sapidez. En nuestras costas está poco a poco sustituyendo al Trebbiano.
Difundido en Umbria, el Grechetto, fresco, equilibrado y longevo, da lo mejor de sí en la Colli Martani Grechetto DOC y no solo, ya que también encontramos resultados notables en Civitella d'Agliano donde se clasifica como IGT.
Los viñedos tufáceos y el clima frío son propios de Irpinia a pesar de estar ubicada en el paralelo 37°, con el autóctono Greco di Tufo. Los embriagadores aromas florales, herbáceos y cítricos con una particular frescura gustativa hacen que este vitigno dé lo mejor de sí precisamente en esta zona. Un blanco de ligera tanicidad ya que la uva contiene una pequeña carga polifenólica.
Continuando el viaje hacia el sur encontramos el Bombino Bianco que, trabajado según los criterios de calidad, es un vitigno que aporta a los vinos estructura y también longevidad. Es un vitigno difundido también en Romagna para elaborar el Pagadebit: de hecho, en tiempos antiguos se utilizaba como moneda de cambio por sus altos rendimientos. En Puglia asistimos también a la espumantización de este vitigno según el Metodo Classico.
El Greco Bianco lo encontramos en los blancos secos calabreses ya que forma parte de la denominación Cirò Bianco, vitigno antiquísimo difundido también en el centro de Italia que parece desembarcó primero precisamente en territorio calabrés.
De orígenes quizás puglieses pero siciliano de adopción desde el siglo XIX, el Grillo cuenta con aproximadamente seis mil hectáreas de extensión concentradas casi todas en el Trapanese. Apto para el cultivo en alberello, dispone de una alcoholicidad interesante hasta el punto de elegirlo como base para la producción del Marsala. Más difundido en Sicilia occidental, el Cataratto, otro antiguo autóctono de la isla, si se vinifica en pureza se expresa con aromas cítricos de hierbas aromáticas explotando en boca con una notable frescura.
Aún oscuros los orígenes de los vitigni autóctonos sardos Nuragus y Nasco, empleado sobre todo para el passito. El primero en cambio se utiliza frecuentemente en pureza por sus aromas de fruta exótica madura, equilibrado y persistente.
En definitiva, ya sea del norte o del sur, ¡solo hay el embarazo de la elección!





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