D.O.C.G. Brut. Ruggeri, Valdobbiadene. ¿Nunca has bebido un Prosecco "antiguo"?
Estoy tumbado en el jardín. Ante mí, sobre una vieja mesa de hierro fundido que huele a rococó, las "Odi Elementari" de Neruda, en una edición anticuada que parece aún más demacrada que el mueblecito que las acoge, en esta tarde que dista mucho de estar envuelta en calor estival.
Entre las ramas de un castaño, que ya estaba allí antes de que yo naciera, apenas adivino lo que desde aquí me convenzo que es una tenue contraprueba de un pensamiento del cielo que podría revelarse como una declaración de amor. Una confesión delicada que tiene miedo de ser descubierta y que en dóciles golpes de luz se desvela.
Y esos pocos rayos iluminan el texto de una página que en el pasado he marcado muchas veces... Pero no necesito leer. De memoria repaso sus contornos, redibujando las siluetas de cada letra que toma forma, ahora y para siempre en la mente: «Vino color del día, vino color de la noche, vino con pies de púrpura o sangre de topacio, vino, estrellado hijo de la tierra...».
Junto al libro, una botella de aspecto old fashion, que lleva en la etiqueta la síntesis de un razonamiento complejo: una rama que parece entrelazada con las de los árboles cercanos a mí, que casi la tocan; una rama que se extiende, sin fin, más allá del horizonte, evocando el "Susino in fiore e luna" de Hokusai.
Verso. Una gota distraída mancha una de las páginas. Me alegra. Es prueba y reminiscencia de mi paso de hoy. Un sello dejado para recordar el instante.
Tengo deseo de beber romántico... Escasos granos de granada, un puñado puede bastar, inmersos entre las burbujas. El efecto deleita la mirada.
Pienso en el vino y pienso en las mujeres. Un beso al vaso, sin máscaras, en verdad un beso a Ella. Una ella cualquiera, de los lustros que fueron y a la vez de los años venideros, en un gesto que quiere ser reverencia de corte, un poco dandy, un poco fingido cicisbeo.
Color pajizo brillante, con un perlage fino, no evanescente. Prosecco Brut, intenso y aromático. Y si lo hueles, es como si entonara al oído una cancioncilla con notas de aroma afrutado, con una delicadeza que te descoloca. Tenue, un esbozo de alba lunar, con reflejos que son destellos en la penumbra de esta velada que guarda maravillas.
¿Lo bebo y en qué pienso? ¿Qué siento? Siento manzana verde y peras y cítricos. Y sí, aromas maduros de manzana duetan con toques de retama y aromas de salvia, sinuoso matiz herbáceo. Es fresco. Y tiene el amarillo de los campos de trigo, del heno y de los setos de otoño. Corteza de pan recién horneado, galletas que se doran en un horno de leña entre abombado y panzudo. Nítido, elegante, y sí, de buen cuerpo y suave, sí suave y agradable, agradable en boca, pero también equilibrado, pero también persistente; vigoroso en toda su complejidad, en toda la plenitud que es consciente de darte.
¡El final es armonía! Largo y mineral, en el retrogusto de duración, al gusto picante, pero nunca descarado. Sorprende al olfato porque no explota de repente sino que te atrapa despacio, semejante a una odalisca que se acerca a ti ligera. ¿Y tú, qué esperas sino una esgrima de pasión en el caravansar?
El "Vecchie Viti" no nace de un único viñedo, ni de un único vitigno. Plantas singulares, uvas de Glera, con saldo de Verdiso, Bianchetta y Perera, añadidas en pequeñas dosis para dosificar el sabor. El uvaggio extrae su propio carácter de una selección esporádica, rara, hecha de vides viejas, y digo viejas para entenderlas antiguas y suntuosas y, ¿por qué no?, soberbias. Vueltas regias por el juego de las décadas y por la alternancia de las estaciones, con una edad que roza y quizás supera el siglo. En la vinificación hay una remisión generacional que no debe pasar inadvertida: un breve contacto del mosto con los hollejos. Es una mirada hacia los propios padres, al método originario con que en las colinas de Valdobbiadene se transfiguraban en néctar las uvas blancas. Producción limitada, solo 5.000 botellas en el transcurrir a veces demasiado lento de los 12 meses.
Cepas viejas, retorcidas y gruesas, enlazándose entre sí, calcando brazos apretados en un acto de fuerza o en busca de un pretexto para estar juntas, dibujan formas extravagantes, entre las más extrañas; longevas rarezas, Titanes que se enfrentan y luchan. Me deleita creer que se sostienen en un abrazo que tiende a definirse eterno. Yo creo que fueron amantes.
Uvas escasas de granos pequeños y racimo ralo, esparcido; en el dialecto local "coronele", en una poética visión que las asemeja a la Corona del Rosario, entre lo sagrado y lo profano y viceversa. Pagana plegaria al dios Baco. Lo habría rebautizado "Sueño de una noche de verano", porque en verano querré ceder y volver a hacerlo mío, en la veranda o junto al mar, indispensable el atardecer.
Vino espumoso brut-style que desafía el imaginario colectivo del PROSECCO, la idea popular que nos hemos hecho, concepto y preconcepción. Un Prosecco fuera de la norma, casi fuera de las "normas", atípico, indisciplinado. Expresión original. Deja encima una sensación de ligereza, en el cuerpo y en el espíritu. Esa sensación de purificación mental que muy pocos vinos saben dispensar, y lo logra al instante, sin necesidad de espera. A ratos quizás, se escapa un poco, perdiéndose esa migaja en el cierre, pero le pido perdón, disculpable como leve distracción en el paladar.
Encierra la esencia de un vino que en teoría nunca hubiéramos podido beber. La belleza está en el hecho de que aún existen estos sarmientos, que en general ay no se dejan morir de vejez. El ciclo de las existencias, pasada cierta edad, exige, pretende, sacrificarlos. Un museo de la vida que ha sido y que será, pudiendo revivirla en cada gota. Un ir hacia atrás, rozando la reminiscencia. Atrás de ayer en ayer, en los escondrijos del pasado que parece no haber pasado nunca. Solo que aquí, he aquí lo que cambia, el tiempo será detenido en la breve o larga, larguísima conjunción de momentos que cada uno de nosotros empleará para apaciguar la sed material o incorpórea que mora en lo profundo de las conciencias.
Las vetustas cepas deberían saber a áspero, pero es como si se renovaran. Al inhalar encuentro el nogal que hace de estribo al castaño, y luego el melocotonero, y luego las almendras. Un Charmat emancipado, nunca huraño, que coquetea con el méthode champenoise, sin excederse. Vin mousseux no abocado, de burbuja fina. ¡Es el Altamarca como me gusta a mí!
"Tre Bicchieri", Top Ranking, de la Guida Gambero Rosso 2015. Noble también en el Precio: 12 euros o algún céntimo más. Cantina Ruggeri. Una cantina histórica, uno de los feudos antiguos de toda la Valdobbiadene. Uno de los Reinos del Prosecco.
La Propuesta Indecente... A esta hora, donde el atardecer cae y desciende, agotado y rubicundo, acompañaría tal bebida con un plato de toque exótico. «De verdad cenarás con ello conmigo».
Risotto alla Primavera con "Erba di Sileno" llamada del cucú o de la comadre, esa que de niños se hacía estallar entre los dedos. Es una pequeña planta silvestre, rústica, que se puede recoger en los prados cercanos a casa; preferir los brotes más verdes y tiernos, los capullos anuncio de la floración. Crece espontánea, perenne y lampiña, y sus inflorescencias, unas ánforas hinchadas, permanecen abiertas noche y día, con un olor que recuerda al de la Eugenia aromatica.
Haría una mezcla con la adición de un ramillete variopinto: ortiga, hinojo silvestre, salvia pratense, "Buon Enrico", una especie de espinaca rebelde, brotes de lúpulo y hojas y flores de ajo de oso. Con los clavos de olor, podemos aromatizar el agua de cocción para realzar la percepción y emular a la Silene en la fragancia.
Cierto. ¿Dónde está la indecencia? En lugar de un arroz local, no me lo tengan en cuenta, querría un arroz de grano largo, con el grano fusiforme, el que proviene de las laderas más escarpadas del Himalaya o el de las tierras llanas justo a sus pies, o la bella Jasmine de la tradición Thai, rebautizada "la perfumada" y será fácil descubrir el porqué. Y lo haría a la manera turca, con receta a la Pilaf, acercando el Medio Oriente e incluso el aún más lejano, y como capricho quizás una salsa de páprika mezclada con curry y especias sobre especias, todas las que encontréis en la despensa, y saké de cocina.
Necesita un nombre altisonante... "Riso Basmati di Dehradun o Jasmine alla Pilaf, con virgulti d'erba Silena, intriso d'aromi non amari di campo e di montagna, in un bagno di garofano e Ryorishu". Ofrecido a los Dioses o a los invitados.
Noto un sobresalto en el reloj de arena de la vida, el reloj tiembla en el bolsillo y me avisa, poco amable, que por hoy basta la suspensión del tiempo. Es tarde, ya es tarde. El aire me trae, a través del patio, un sabor a magnolia y a cebollino, en un contraste que se envuelve de dulce y de burla de la dulzura. Es un escarnio despojado de maldad, que esconde en sí un pellizco de nostalgia. Un pedir licencia al día. Un hasta luego sí cansado, pero aún lleno de las alegrías que espera recoger al día siguiente, en el surgir del nuevo sol.
Me concedo ese sorbo que aún queda, último y prono, a enredar en una copa de estrellas el residuo de pensamientos que me mantiene despierto. Como beber, para preservar en uno, de un solo golpe, aquellas luces de lo alto, que parecen inmersas en el vaso, junto a esos sueños que todavía no tienen ganas de dormir.
Un soplo de viento. La vela se apaga. «Todos somos mortales hasta el primer beso y el segundo vaso de vino». Un salto y estoy en Uruguay con Galeano, escritor y poeta, que en voz me lee esta melodía en palabras, que considero entre las más bellas suyas.
Es la frase en la que estoy pensando, temo que se disperse, y cómo no dar la despedida a mi perorata de cierre susurrando entre mí, en una cantinela torpe pero ebria de efusiones, el verso de despedida de la Oda de Neruda... «Que el jarro de vino al beso del amor agregue su beso».
Última intemperancia a la razón, antes de tomar comiat y dejarme envolver por la noche que llega... ¿Para cuándo un vino llamado "Isabella"?





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