Montefalco es un pueblo medieval de la provincia de Perugia, llamado el «balcón de Umbría» por la vista que se abre desde sus murallas sobre el valle umbro, de Asís a Spoleto. Sus colinas son la patria del Sagrantino, que tiene DOCG propia; la DOC Montefalco, reconocida en 1979, reúne los demás vinos de la zona. La denominación comprende el municipio de Montefalco y parte de los de Bevagna, Castel Ritaldi, Giano dell'Umbria y Gualdo Cattaneo. Los viñedos ocupan unas 489 hectáreas, con una producción de 23.050 hectolitros.
El Rosso, entre Sangiovese y Sagrantino
El Montefalco Rosso es el vino más conocido de la DOC. El pliego exige del 60 al 80 % de Sangiovese y del 10 al 25 % de Sagrantino, con otras uvas tintas como complemento. El Sangiovese aporta fruta y frescura; el Sagrantino, color, estructura y su potente tanino. El Rosso envejece al menos 18 meses y no sale antes del 1 de mayo del segundo año tras la vendimia; el Riserva envejece al menos 30 meses, 12 de ellos en barrica.
En la copa es rubí intenso, con aromas de cereza, mora, ciruela, especias y un toque balsámico. El tanino está más presente que en un Sangiovese puro, pero sigue equilibrado: una buena puerta de entrada al Sagrantino.
Los blancos
El Montefalco Bianco exige al menos un 50 % de Trebbiano Spoletino, una antigua uva local distinta del Trebbiano toscano, salina y capaz de envejecer. El Grechetto exige al menos un 85 % de la variedad: es el blanco típico de Umbría, con notas de almendra y fruta amarilla. La graduación mínima de la denominación es del 11 %.
En la mesa
El Rosso acompaña caza, asados y carnes a la brasa, pero también pasta al ragú, strangozzi con trufa y quesos curados. El Bianco y el Grechetto van con legumbres, torta al testo, pescado de lago y platos de verduras. Hacia el oeste, las colinas de los Colli Martani completan el panorama de los vinos de la zona.


