El cofre de Italia
Umbria: única región italiana, junto con la alpina Valle d'Aosta y el bilingüe Trentino Alto Adige, en no tener salida al mar, casi como si quisiera esconder sus tesoros de las correrías de frenéticos y estacionales turistas. Casi como si quisiera proteger su patrimonio de arte, historia, artesanía y sabia viticultura. El territorio es montañoso en casi el 30% de su superficie y el restante 70% está cubierto por una sinuosa sucesión de colinas. Las pocas llanuras que encontramos coinciden con los valles de los numerosos ríos que recorren con tranquila calma todo el territorio. Al norte de la región, encontramos la renacentista Città di Castello, rodeada de verdes paisajes y antiguos pueblos.
Desde aquí florece el encantador Alta Valle del Tevere que delicadamente fluye hasta la mariana Città di Todi. El clima continental se acentúa en las zonas montañosas, mientras que a altitudes menores encontramos un clima tendencialmente mediterráneo con inviernos suaves, veranos cálidos y secos. Al norte, el lago Trasimeno mitiga con sus suaves brisas los viñedos adyacentes al dormido volcán. Las altas cadenas montañosas del Appennino Umbro-Marchigiano protegen las antiguas tierras medievales de las gélidas corrientes invernales provenientes del noreste. Las fuertes oscilaciones térmicas entre la noche y el día propician maduraciones regulares de la uva. La planimetría de la región se distingue por sus continuas variaciones altitudinales dando origen a una heterogénea variedad de microclimas. Enclavada entre Toscana, Marche y Lazio, esta región regala a sus visitantes mil tesoros e infinitas maravillas naturales. Umbria; tierra de monasterios y misterios, imponentes catedrales y majestuosos duomos, antiguas fortalezas y pueblos medievales. Destino de románticas escapadas de jóvenes enamorados, región para amantes del arte, lugar para turistas y apasionados de la enogastronomía. Un pequeño cofre en el centro de la bota. Las variedades de uva protagonistas de esta región son las blancas, con el derby netamente italiano entre el Grechetto di Orvieto y el Grechetto di Todi y los grandes tintos internacionales.
Las rutas del vino
Para quienes disfrutan de viajar siguiendo itinerarios temáticos, la región ofrece cuatro distintas rutas del vino, que representan una excelente posibilidad para los amantes de la calidad italiana de combinar el conocimiento de territorios con alta vocación vitivinícola con experiencias ambientales, culturales y artísticas. La Strada dei vini Etrusco Romana está delimitada por las provincias de Terni y Orvieto. Una tierra poblada por los pueblos Etruscos primero y posteriormente por los Romanos. El territorio está atravesado por el río Tevere, que discurre a lo largo de colinas, montañas y valles. En las colinas de Narni y Amelia encontramos los vinos tintos a base de Sangiovese y Montepulciano, acompañados del internacional Merlot y el autóctono Canaiolo. En las colinas dominadas por la imponente Orvieto, ciudad suspendida entre las nubes, sede del famoso duomo dedicado a la Virgen María, conocemos a los principales intérpretes del territorio como el Greghetto y el Trebbiano Toscano, llamado localmente Procanico. Finalmente, en las orillas del lago di Corbara en los municipios de Titignano se cultivan las famosas variedades de Borgoña y el perenne desafío del Pinot Nero. Los reglamentos sin severas restricciones dejan libertad a las bodegas para crear sus propios vinos siguiendo estilos productivos personales. La Strada del Cantico recorre los municipios de Todi, Perugia y Assisi. El recorrido atraviesa los lugares más representativos de la región y la zona de denominación controlada y garantizada de Torgiano, combinación del Sangiovese unido a otras variedades cultivadas localmente. Assisi, centro de espiritualidad y lugar de promoción de la paz entre los pueblos, ofrece a sus peregrinos y turistas vinos tintos de corte internacional y blancos con cepajes autóctonos. El mosaico de variedades de la denominación colli martani y colli perugini ofrece al visitante una amplia variedad de elección. Poco menos de 1.000 ha cultivados casi exclusivamente de baya roja con la excepción de Todi. La Strada del Sagrantino es un pequeño recorrido que atraviesa los viñedos destinados al cultivo de la uva tan querida por los frailes como para ser usada como vino passito para la santa misa. Entre las apretadas hileras del agresivo Sagrantino se abre paso el tímido Sangiovese que se casa bien con la uva con el mayor número de polifenoles, dando origen al rosso di Montefalco, vino de gran cuerpo que se acompaña bien con los productos gastronómicos regionales. Nuestro tour concluye con la Strada del Vino Colli del Trasimeno, zona próxima al cuarto lago más grande de Italia que a principios del tercer milenio revolucionó su viticultura replantando aproximadamente 350 hectáreas de terreno con variedades selectas como el Sangiovese, Merlot, Cabernet Sauvignon para los tintos, Grechetto y Chardonnay para los blancos.





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