Territorio, aire, viñedo, agua: estos son los parámetros para una viticultura sostenible.
Cada vez más la atención de los consumidores se dirige hacia la sostenibilidad ambiental, así nace hace algunos años la iniciativa V.I.V.A., un proyecto nacional impulsado por el Ministerio de Medio Ambiente con la colaboración de centros de investigación y universidades especializadas que, en sinergia, evalúa los productos y ayuda a reducir el impacto para obtener una certificación de vino sostenible.
¿Objetivos?
Mejorar la eco-sostenibilidad del sector vitivinícola italiano, hacer al consumidor consciente del impacto ambiental del vino que adquiere y consume, e incentivar la competitividad de las empresas de nuestro país, convirtiendo al vino en embajador mundial del desarrollo sostenible made in Italy.
El propósito es orientar a las empresas hacia una certificación de impacto ambiental analizando toda la cadena productiva, desde la producción de las materias primas –uva, corcho del tapón, vidrio de la botella, papel de la etiqueta– hasta la vinificación, el embotellado, el transporte y la distribución al por menor.
El análisis tiene en cuenta el uso de los recursos ambientales –agua, territorio, energía– y el impacto negativo de lo que produce la cadena, es decir, residuos, CO2, restos de pesticidas y fertilizantes, y sustancias potencialmente tóxicas.
¿Resultados?
El reconocimiento por parte de los organismos hacia las empresas mediante la obtención de la etiqueta V.I.V.A., basada en cuatro criterios fundamentales: territorio, aire, viñedo, agua. Para cada uno de ellos se ha elaborado un reglamento técnico que define las metodologías de monitoreo y los sistemas de control que las empresas vitivinícolas deben adoptar para mantener niveles cualitativamente aceptables. Solo las empresas que respetan los valores establecidos por el reglamento técnico para cada parámetro pueden, tras una verificación adecuada, ostentar la etiqueta Viva.
Analicemos brevemente en qué parámetros se basan los 4 indicadores:
El indicador aire mide el total de emisiones de carbono, todos los gases de efecto invernadero asociados al ciclo de vida de una botella de vino. Este análisis se realiza, naturalmente, a lo largo de toda la cadena productiva, desde el cultivo de la uva hasta la eliminación de la botella.
El indicador agua mide el total de litros de agua utilizados tanto en el viñedo como en la cantina, necesarios para la producción de una botella de vino.
El indicador territorio evalúa el impacto de las actividades empresariales sobre la biodiversidad, desde el punto de vista de la salvaguarda y valorización del paisaje, en términos de consecuencias sociales y económicas.
El indicador viñedo evalúa los efectos sobre el medio ambiente de los productos fitosanitarios y la influencia de las técnicas de gestión del suelo sobre su fertilidad.
¿Creen ustedes que es realmente el camino correcto o se trata de una enésima operación de marketing?





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