En 2010 se descubrió un naufragio, a unos 50 metros de profundidad en el fondo del Mar Báltico, que contenía 168 botellas de lo que resultó ser Champagne. Cuando los buzos encontraron el vino quedaron asombrados: "Bebimos una, ¡todavía está bueno!"
Un equipo de buceadores estaba realizando investigaciones en el Mar Báltico frente a las islas Åland, en Finlandia, cuando descubrieron la bodega sumergida sin lograr identificar el nombre de la embarcación.
La visibilidad era muy escasa, menos de un metro, pero Christian Ekström, al frente del equipo de buzos, logró avistar una botella y llevarla a la superficie: "En el corcho había el símbolo de un ancla y, tras algunas investigaciones, la Moët & Chandon nos dijo que en su momento la Veuve Clicquot utilizaba este símbolo para sus productos y era la única marca de Champagne en usarlo."
"La Veuve Clicquot comenzó su producción en 1772 y las primeras añadas estuvieron listas unos diez años después, por lo tanto no más tarde de 1782», continúa Ekström. «Pero estas botellas no pueden datarse después de 1788-1789, porque sabemos que con la Revolución francesa se detuvo la producción. Quizás se trate precisamente de las primeras botellas producidas y sería fantástico haberlas encontrado».
En los corchos todavía se puede leer la inscripción "Juclar", los lagos de Andorra de donde provenía el corcho.
La embarcación probablemente naufragó alrededor de 1840 y desde entonces, durante años, custodió el preciado néctar y algunas botellas de cerveza.
El cargamento habría sido destinado a algunas ricas familias alemanas o, según otros, estaba destinado a la corte rusa del Zar Pedro el Grande de parte de Luis XVI, según testimoniarían algunos documentos encontrados por la Moët.
El contenido de las botellas tiene un sabor metálico y muy dulce, pero esto deriva de los gustos de la época; al parecer el Champagne se ha conservado perfectamente; a excepción de parte del dióxido de carbono que, dado el tiempo transcurrido, se ha dispersado parcialmente, otorgando al vino una especie de picor que se traduce en el cosquilleo en la lengua que experimentaron los catadores.
La excelente conservación fue favorecida por la oscuridad y la temperatura fresca y constante.
Mayor concentración de hierro y cobre, menor graduación alcohólica de 9,5 grados y una dulzura extrema; se han encontrado más de 140 gramos de azúcar por litro frente a los 80 gramos de los espumosos dulces actuales.
"He guardado todavía una copa que tengo en el frigorífico y no puedo desprenderme de ella: cada cinco minutos voy allí a embrigarme con su aroma", reveló la enóloga Ella Grüssner Cromwell-Morgan, quien degustó el vino y realizó investigaciones históricas, "Su color es oro ambarino. El aroma es muy intenso, con notas de tabaco, pero también de uva y frutas blancas, de roble y aguamiel. El paladar es realmente sorprendente, muy azucarado pero al mismo tiempo con la acidez justa. Esto se explica por el hecho de que en aquella época el Champagne era mucho menos seco que hoy porque no se lograba gestionar bien el proceso de fermentación».
Se trata de un descubrimiento sensacional que ha favorecido los estudios sobre las antiguas técnicas enológicas.
Las marcas presentes en el naufragio eran Veuve Clicquot Ponsardin, Heidsieck, hoy Piper-Heidsieck y Juglar, adquirida en 1829 por Jacquesson & Fils.
Once vinos subastados por un total recaudado de 150 mil dólares. ¡Nada mal para unos "viejitos".



¿Qué opinas?
Inicia sesion para dejar un comentario